Polonia y las consecuencias del triunfo electoral del ultraderechismo

Dos meses ha sido tiempo más que suficiente para que Ley y Justicia (PiS, por sus siglas originales), el partido que se alzó con las elecciones polacas del pasado 25 de octubre, ya haya sido apercibido por la UE. A través de una nueva herramienta legislativa, la Comisión Europea anunció hace cuatro días su propósito de sancionar a largo plazo al país centroeuropeo en caso de que ratificase que sus últimas actuaciones estuvieran violando el Estado de Derecho, como prevé estudiar a lo largo de los próximos meses.

La advertencia de Bruselas se produce en medio de una oleada de manifestaciones en 20 ciudades y tres semanas después de que el partido que encabeza, visiblemente al menos, el tandem entre Andrzej Duda en el cargo de presidente y Beata Szydlo como primera ministra aprobara una batería de medidas de dudoso carácter democrático. El fundador y responsable verdadero de las políticas del PiS, Jaroslaw Kaczynski, no muestra reparos en ocultar su objetivo: poder emprender las reformas a las que el partido aspira con un camino lo más despejado posible para ello.

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Jaroslaw Kaczynski, fundador del PiS y Beata Szydlo, primera ministra

Las propuestas del PiS –nacionalista, homófobo, xenófobo y euroescéptico– pasan, entre otras, por la prohibición del aborto, un férreo control de los medios de comunicación públicos, suprimir la educación sexual de la enseñanza, dotar de mayor poder a la policía, o la suspensión de ciertas obras de teatro calificadas como “pornográficas” e “inmorales”. Para poder llevarlas a cabo, maniobró primero para reestructurar la composición del Tribunal Constitucional (nombrando cinco magistrados nada más llegar al poder) y después, en diciembre, para que las decisiones de este organismo en materia de derogación legislativa deban contar con un respaldo más amplio del entonces vigente (más de dos tercios en lugar de una simple mayoría). Una tarea algo difícil si cinco de los 15 miembros que lo integran han sido colocados. Tanto ambas artimañas judiciales como el mayor dominio sobre los medios fue lo que hizo saltar las alarmas en Bruselas y le apremió a tomar cartas en el asunto.

Además de contar con la total repulsa de la oposición y de parte de la sociedad, incluso voces como la de Lech Walesa, expresidente conservador y defensor del PiS en las últimas elecciones, se han levantado contra el Gobierno y lo han calificado de “antidemocrático”. Hasta el momento Varsovia ha desoído las intensas críticas tanto dentro como fuera del Sejm (Parlamento) y ha ignorado a la Comisión Europea. En este sentido, distintos miembros del Gobierno han apuntado al “desconocimiento de la situación” por parte del Ejecutivo de la Unión, que se reunirá con el gabinete de Szydlo a lo largo de las próximas semanas.

El PiS, que con su triunfo en octubre desplazó del poder al democristiano Plataforma Cívica, ya gobernó entre 2005 y 2007. Actualmente lo hace con mayoría absoluta, algo que no sucedía en Polonia desde las revoluciones y posterior caída del comunismo en 1989.

Mientras tanto, el choque parece inevitable.

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