Café, tabaco y kombolois

En la mano derecha, un pitillo consumiéndose lenta y silenciosamente. En la izquierda, un cordón cerrado por grandes abalorios que van deslizándose de uno a otro lado. Sobre la mesa, una taza de café recién preparado, un vaso de agua, un montículo de colillas apiladas sobre un cenicero y, ante todo, más tabaco. De fondo, humo y un soniquete intermitente: ras… ras… ras.

Es posible sea un cliché de lo más manido, pero esto no quita que la imagen descrita predomine en casi cualquier taberna, cafetería o restaurante heleno. Es más, no es descabellado ni falaz decir que un bar griego no es un bar griego si no se aprecian al menos uno de los elementos de tal estampa. Café, tabaco y dicho cordón de abalorios, llamado komboloi y que casi podría considerarse una prolongación de la mano de todo varón adulto en Grecia, son con sus más y sus menos las tres hierofanías de su cultura social.

Dicho trinomio tiene su explicación. El país de las 2.000 islas cuenta con una arraigadísima cultura del café heredada de los otomanos, que lo ocuparon durante cinco siglos (desde el XIV hasta el XIX). El elinikós, ligera variante del café turco, es una de las numerosas modalidades que aparecen en los menús de los establecimientos. Quedar con alguien para tomar uno y charlar durante horas es uno de los pasatiempos nacionales favoritos. Aunque, si se prefiere, también puede optarse por los clásicos frappé, cappuccino, latte, cappuccino latte, espresso, macchiato o mocha, por enumerar solo algunos.

Por otro lado, que los paquetes de tabaco sean una constante en los bares no sorprende si se tiene en cuenta que Grecia es el país más humeante de la Unión Europea. Nada menos que alrededor del 40% de los griegos fuman con regularidad. Su precio es algo menor que la media del resto de países comunitarios y, aunque en 2010 se aprobó una ley antitabaco, la diferencia respecto a España, que también erradicó el humo de los establecimientos ese año, estriba en que nadie parece haberse dado cuenta. A excepción de los sitios más exclusivos, las mesas están preparadas con ceniceros y tantos propietarios como clientes fuman en el interior con total tranquilidad. Si por lo que parece la norma se vulnera incluso en el Parlamento, ¿qué puede nadie echar en cara al ciudadano de a pie?

El komboloi, último pero no menos importante de estos elementos también guarda relación, al igual que la obsesión cafetera, con la espinosa relación con Turquía. Durante el dominio otomano de Grecia, el komboloi fue introducido por los invasores, que mostraban los suyos, hechos de joyas y piedras preciosas, como símbolo de poder. Con el tiempo, esa ostentación fue poco a poco pasando a todos los estratos sociales, que los elaboraban con toda suerte de materiales en función de su nivel adquisitivo. Actualmente los griegos les dan a sus kombolois tres usos mayoritarios: relajarse mediante el tacto de sus cuentas, como entretenimiento (puede sonar extraño, pero una vez se “aprende” a usarlo puede tener su gracia) y como método, paradójicamente, para dejar de fumar. Costumbres griegas…